La voz tallada de la Catedral
En el centro de la nave mayor, bajo la bóveda del crucero, se levanta el Coro, corazón musical y espiritual de la Catedral. Su reja renacentista, obra de Domingo de Céspedes (1541–1548), protege un recinto donde el arte, la liturgia y la historia se entrelazan desde hace más de cinco siglos.
La sillería baja, tallada en madera de nogal por Rodrigo Alemán entre 1489 y 1495, es una de las obras más asombrosas del gótico hispano. En sus cincuenta y cuatro sitiales, el escultor narró con minucioso realismo los episodios de la conquista de Granada, representando batallas, reyes y obispos con una viveza inédita.
Sobre ella se alza la sillería alta, labrada por Felipe Bigarny (Vigarny) y Alonso Berruguete, quienes introdujeron en ella el lenguaje del Renacimiento: profetas, mártires y figuras bíblicas talladas con un dinamismo casi pictórico. En el centro se impone la cátedra arzobispal, con relieves de mármol y jaspe que culminan en una Transfiguración de Cristo diseñada por el propio Berruguete.
El conjunto se completa con los atriles laterales, realizados por Nicolás de Vergara el Viejo y el Mozo (1570), y el antiguo atril del águila, pieza gótica alemana de 1425, símbolo del Evangelista San Juan.
A ambos lados, los órganos del Evangelio y la Epístola dialogan desde el siglo XVIII en las célebres Batallas de órganos, llenando de sonido este bosque de madera y piedra.
El Coro no es sólo un lugar de canto: es una lección de arte sagrado, donde la historia, la música y la fe resuenan en una misma voz.