Memoria dorada del Cabildo
La Sala Capitular nace al amparo del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros (1504–1512) como centro de gobierno del Cabildo y manifiesto visual de la primacía toledana. El acceso se realiza por la antesala capitular —trazada por Enrique Egas y Pedro Gumiel— y una portada plateresca esculpida por Copín de Holanda, que introduce al visitante en un ámbito de solemnidad humanista.
El espacio sorprende por su artesonado mudéjar-plateresco (1508–1510), obra de Diego López y Francisco de Lara: lacerías geométricas, dorados y policromías que convierten el techo en un firmamento de madera. Bajo él corre un friso-alicer de rica ornamentación y, a pie de muro, un banco corrido para los canónigos culmina en la silla arzobispal (1514), labrada por Copín de Holanda. El conjunto combina tradición mudéjar, lenguaje plateresco y gusto cortesano, en un equilibrio raro en España.
Las paredes están cubiertas por uno de los grandes ciclos pictóricos del Renacimiento español: trece escenas al óleo sobre yeso de Juan de Borgoña (c. 1508), dedicadas a la Vida de la Virgen y la Pasión de Cristo, con arquitectura fingida, columnas pintadas y “cielos” de clara resonancia italiana. La pintura mural se acompaña de una galería de retratos —el episcopologio— que arranca con san Eugenio y Cisneros (Borgoña) y continúa con sucesivos arzobispos realizados por Francisco Comontes, Luis de Carvajal, Luis de Velasco, Tristán, Rizi, Vicente López y otros hasta nuestros días, convirtiendo la sala en una crónica visual ininterrumpida del Primado.
El programa es también una declaración teológica y cívica: la Vida de María y la Pasión dialogan con el linaje de los pastores de Toledo, subrayando continuidad apostólica y misión cultural de la sede. La elección de técnicas mixtas —pintura al fresco/óleo sobre yeso— y el canon sereno de Borgoña sitúan a Toledo en el mapa del renacimiento hispano con ecos de Ghirlandaio y la Italia quattrocentista.
La sala ha sido objeto de restauraciones recientes que han estabilizado policromías y soportes. En 2025 se anunció un hallazgo singular en la antesala capitular: un mural de 1511 de Juan de Borgoña y su círculo (con escudo de Cisneros, querubines y motivos florales) que permanecía oculto tras un mueble desde 1780; su recuperación amplía el entendimiento del conjunto y del “taller” borgoñesco en Toledo.
Para el visitante, la Sala Capitular es más que un “salón de sesiones”: es un palimpsesto de poder, fe y arte, donde madera, oro y pintura narran cinco siglos de historia viva del Cabildo. Aquí el gobierno de la Catedral se sienta bajo un cielo de lacerías, mira a los ojos a sus antecesores retratados y toma decisiones a la sombra de un renacimiento que Toledo hizo propio.