El panteón de la dinastía Trastámara
La Capilla de los Reyes Nuevos cristaliza, en un único ámbito, la memoria de tres capillas reales históricas: la de Reyes Viejos (fundada por Sancho IV en 1295, en el fondo del presbiterio), la de la reina Catalina de Lancaster (erigida en 1415) y la de Reyes Nuevos (fundada por Enrique II en 1374, inicialmente en los pies, junto a la torre). Su fusión progresiva —culminada canónicamente en el siglo XIX— explica la extraordinaria densidad histórica y documental del conjunto.
Con el cerramiento de las bóvedas (1493) y las necesidades litúrgicas y procesionales del templo, el Cabildo y los arzobispos promovieron el traslado y nueva fábrica de la capilla real a la girola, obteniendo licencia de Carlos V. El proyecto fue afinado por Enrique Egas y Diego de Siloé, y Alonso de Covarrubias asumió desde 1530 la dirección de obra y la decoración, levantando entre 1531 y 1534 la capilla definitiva sobre los antiguos ámbitos de San Cosme y San Damián, Santa Bárbara y la herrería catedralicia.
El acceso plateresco —columnas cubiertas de grutescos y relieves policromados— conduce a un vestíbulo y, tras él, al cuerpo principal, cerrado por rejas de Domingo de Céspedes (1532); arriba, tribuna y órgano de Miguel Puche. En el siglo XVIII, Ventura Rodríguez trazó retablos neoclásicos de mármol y bronce (1777), con lienzos de Mariano Salvador Maella; el retablo mayor (1805), costeado por Carlos IV, integra su gran Imposición de la casulla a San Ildefonso y esculturas de Alfonso Bergaz. La sillería actual de capellanes es de Lupercio de Falses (madera de nogal).
Los sepulcros reales articulan la lectura dinástica: en los muros laterales, Enrique II con Juana Manuel, y Enrique III con Catalina de Lancaster (obras del siglo XV, Luis González y Pedro Rodríguez); en el presbiterio ochavado, las estatuas orantes de Juan I y Leonor de Aragón (1534, Jorge Contreras). En el pilar se recuerda, en bulto orante, a Juan II. La capilla de Catalina tuvo cabildo propio; en 1530 se estableció aquí uno de los primeros Estatutos de Limpieza de Sangre, muestra de su singular rango cortesano-litúrgico.
Hoy, la capilla se ofrece como panteón de la monarquía castellana y compendio de arte toledano del gótico tardío al neoclásico: un lugar donde la historia del poder busca, en la belleza de la piedra, su oración perpetua.