El corazón litúrgico de la Catedral
La Capilla Mayor es el centro espiritual y artístico de la Catedral Primada, concebida en tiempos del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, quien ordenó su reforma a finales del siglo XV.
El traslado de los antiguos sepulcros reales permitió ampliar el espacio, conservando los enterramientos originales de Alfonso VII, Sancho el Deseado y Sancho el Bravo, hoy situados en los laterales.
Preside la capilla un retablo monumental de madera dorada y policromada (1498-1504), una de las cumbres del arte gótico hispano-flamenco. Su traza se atribuye a Petit Jean, bajo la dirección de Enrique Egas y Pedro de Gumiel, y su ejecución reunió a algunos de los escultores más virtuosos de su tiempo: Felipe de Bigarny, Diego Copín de Holanda y Sebastián de Almonacid, con policromías de Francisco de Amberes y Juan de Borgoña.
Organizado en tres cuerpos y cinco calles, el retablo despliega un extraordinario ciclo de escenas bíblicas. En el centro se alza el tabernáculo, delicada filigrana de madera dorada, y en la parte superior, un Calvario de grandes dimensiones bajo un cielo estrellado.
En el lateral izquierdo se encuentra el sepulcro del cardenal Mendoza (†1495), obra atribuida a Doménico Fancelli y considerada una de las primeras muestras del Renacimiento en España.
La capilla se cierra con una reja plateresca de Francisco de Villalpando, una de las más suntuosas del siglo XVI, rematada con las armas imperiales de Carlos V y un crucificado monumental.
La Capilla Mayor resume la grandeza de Toledo: el lugar donde la liturgia se convierte en arte, y el arte, en testimonio de fe.