Toledo, 13 de junio de 2023
A las 10 de la mañana del pasado 8 de junio, dio comienzo la solemne celebración eucarístca en el venerable rito hispano-mozárabe, presidida por el Sr. Arzobispo en la capilla mayor del templo primado. Concelebraban otros cinco obispos, entre ellos el arzobispo emérito, don Braulio Rodríguez Plaza, el obispo auxiliar, don Francisco César García Magán, y el emérito de Segovia, don Ángel Rubio Castro.
Asistían a la celebración numerosas autoridades, tanto civiles como militares, presididas por el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, don Emiliano García Page, el delegado del gobierno de España y la alcaldesa de la ciudad.
Don Francisco Cerro comenzó su homilía afirmando que la eucaristía es «la locura de Dios para que no estemos nunca solos», porque «Dios quiere estar cerca de los hombres, quiere salir a visitar a todas las personas, especialmente a los que sufren». Por eso precisó que
«Corpus Christi es, sencillamente, Dios en la calle, Dios que quiere estar cerca de los hombres, que no se quiere quedar encerrado en los templos, sino que quiere salir a visitar a sus hijos, a sus hermanos, a todas las personas que sufren».
En este sentido, el Sr. Arzobispo quiso realizar también una llamada a la esperanza, recordando que «nuestra patria no es la soledad, no es la tristeza, nuestra patria es vivir con los sentimientos del corazón vivo de Jesús».
Después se refirió a la solemnidad con que la ciudad de Toledo celebra el Corpus Christi, y dijo que «Toledo es la ciudad eucarística y no se entiende sin el Corpus, que tiene en Toledo una de las expresiones más bellas de la humanidad, de cultura, de arte, sobre todo el arte de las artes que es el Señor vivo y resucitado presente en nuestro mundo».
También se refirió a la necesaria vinculación entre la eucaristía y el servicio a los que sufren, afirmando que «celebramos, en clave pascual, lo que hemos celebrado el jueves santo: la eucaristía, el sacerdocio, el amor fraterno y la diaconía, el servicio: Dios que se pone de rodillas a los pies de la humanidad, de los que sufren». Por eso quiso recordar que «la riqueza de la Iglesia son los pobres, los que sufren, los enfermos».
Tres «acentos»
Seguidamente el Primado se refirió a los tres grandes «acentos» de esta celebración eucarística. En primer lugar dijo que «la eucaristía es para la vida», porque «donde está la centralidad de la eucaristía, hay vida siempre».
La segunda de las claves, en palabras del Sr. Arzobispo, es recordar que «Jesucristo es quien da el verdadero pan del cielo. Él es la vida, quien sigue amando incondicionalmente».
Por último, insistió en que la eucaristía «se une con la caridad porque el mayor acto de amor es Jesucristo en la eucaristía, entregado y ofrecido como sacrificio». Por eso, «en la eucaristía aprendemos a amar y a amarnos».
Al finalizar la santa misa comenzó la procesión eucarística con el Santísimo Sacramento en la custodida que mandó realizar la reina Isabel la Católica, protegida bajo el maravilloso tabernáculo que, por encargo del cardenal Cisneros y del Cabildo toledado, realizara el orfebre alemán Enrique de Arfe.
Al llegar el Santísimo a la plaza de Zocodover, el Sr. Arzobispo pronunció la tradicional la alocución. Don Francisco, antes de impartir la bendición con el Santísimo Sacramento, se dirigió a todos los presentes y a cuantos seguían los actos a través de televisión y radio, recordando las palabras de unos griegos que querían ver a Jesús cuando se encontraban en Jerusalén con motivo de la celebración de la Pascua: «Queremos ver a Jesús». Y recordó que esta petición «es el grito de todos en esta procesión del Corpus Christi».
El primado se preguntó dónde podemos ver y encontrarnos con Jesús, y respondió: «A Jesús se le encuentra en la eucaristía, en los caminos y en la vida».
En este sentido insistió el algo que ya había dicho en la homilía: que la eucaristía es «la locura de Dios por estar con nosotros». Seguidamente recordó que al Señor se le encuentra «también en los caminos, en los pobres, en los que sufren, en los que piden y están necesitados».
Don Francisco Cerro quiso tener un recuerdo para todos los afectados por la guerra en Ucrania y para «todos los que están sumidos en todo tipo de crisis». Y, citando al Papa Francisco:, dijo que «encontramos a Jesús en los que viven en las periferias o en todas las intemperies».
Mirar a Jesús en la eucaristía
«Necesitamos que nuestro amor a la eucaristía se haga caridad en el servicio a los más necesitados», precisó, para afirmar después que «una sociedad que descarta la vida y tantas cosas es una sociedad enferma. Cuando recuperemos el sentido de la vida, mirando a Jesús en la eucaristía, descubriremos a Jesús en los caminos·.
Don Francisco concluyó indicando que «a Dios se le encuentra en la vida. Cuando uno descubre, en su vida, que Dios camina con nosotros, la vida merece la pena, la vida pasa al color de la esperanza».
Día de Caridad
El domingo, 11 de junio, el Sr. Arzobispo presidió la santa misa en la solemnidad del Corpus Christi. Con él concelebraron el obispo auxiliar y secretario general de la Conferencia Episcopal Española, don Francisco César García Magán, y los miembros del cabildo primado. En la homilía don Francisco afirmó que la eucaristía es «Jesucristo, vivo y resucitado».
La «eucaristía es Dios amor, amando con un corazón humano», pero también la «es el amor, por eso la Iglesia ha unido desde siempre este Día a la Caridad, a Cáritas, porque Cáritas es la Iglesia haciendo caridad».
Don Francisco dijo ante los numerosos fieles que llenaban la nave central del templo primado que «la eucaristía nos tiene que llevar a tomar la carne y la sangre de los pobres», puntualizando que «pobre también es tu mujer, es tu marido, son tus hijos; y pobre también
es tu comunidad parroquial, donde tienes que ejercer la caridad».
Además insistió en que «la Caridad no solamente la tiene que ejercitar solo Cáritas, sino todos los cristianos con todo tipo de pobrezas que existen». Así precisó que «Caridad es cuando visito a un enfermo, cuando atiendo a la persona que está a mi lado que es depresiva,
al enfermo de alzheimer, cuando tengo paciencia con los males que soporta la humanidad de hoy, cuando lucho por la paz continuamente amenazada…Todo eso en el fondo es vivir la caridad, y la Iglesia nunca separó la Eucaristía celebrada, comulgada y adorada del amor, de la caridad».




