El delegado general para el gobierno de la Archidiócesis de Toledo, don Francisco César García Magán, tomó la palabra al final de la celebración para agradecer a don Braulio Rodríguez la ejemplaridad de su persona y la fecundidad de su ministerio.
Don Francisco César comenzó su alocución recordando que «hoy nos sentimos y somos familia diocesana, incluso familia con otras diócesis, en torno a quien ha sido maestro, sacerdote y pastor de esta histórica y viva iglesia particular, de quien ha sido su 120º obispo».
«Hacemos memoria agradecida –dijo– de su servicio diocesano, entregado, generoso, solícito sin reservarse ni tiempo, ni energías para su ministerio episcopal».
Después manifestó la gatitud de la Archidiócesis para quien ha sabido ser padre, pastor y maestro: «Gracias, padre, porque ha sido el buen sembrador que ha derramado a manos llenas la semilla de la Palabra. Gracias, buen pastor, porque siempre ha ido en busca de la oveja perdida, porque nos ha conocido y tratado en la realidad irrepetible de cada persona. Gracias, maestro, por su palabra siempre clara y oportuna, tantas veces profética y valiente, y siempre impregnada de amor a la Iglesia, y de sincera y real comunión con el Sucesor de Pedro».
Don Francisco César quiso hacer «memoria agradecida» por el Plan Pastoral Diocesano, la nueva estructura de las vicarías territoriales, sus visitas pastorales, su «solicitud paternal por la formación de los seminaristas, sacerdotes, vida consagrada y laicos», su compromiso con la familia, con la educación, con los niños y jóvenes mediante la creación de nuevos colegios diocesanos, la promulgación del directorio de iniciación cristiana, la revitalización de delegaciones diocesanas como Familia y Vida, Catequesis, Juventud, Pastoral Universitaria, y su compromiso con los preferidos del Señor Jesús: los pobres, los enfermos, los inmigrantes. Tambiém por su apuesta «personal incondicional por los medios de comunicación social de la Archidiócesis», así como por «el compromiso misionero de esta Iglesia particular».
Después recordó su «sencillez evangélica, cargada de muchos frutos» y «su otro magisterio especial: el de sus actitudes, el de su trato afable y cercano con todos».
Tras revelar que «donBraulio ha decidido desprenderse en buena medida» de su biblioteca, «repartiendo a instituciones y personas esos libros que eran retazos de su vida presbiteral y episcopal», dijo que, así, «su biblioteca se ha convertido en metáfora de su propia vida desparramada, como sus libros, para todos; como aquel perfume derramado a los pies del Maestro que llenó de fragancia a todos los presentes».
«Gracias padre, gracias pastor, gracias maestro, gracias amigo, gracias obispo! ¡Muchas gracias, don Braulio!», concluyó.
Foto: Miguel Ángel Olmos




