El pasado sábado, 22 de febrero, a las 11:00h, el Sr. Arzobispo Administrador Apostólico, don Braulio Rodríguez Plaza, presidió la Santa Misa de su despedida de la Archidiócesis. Concelebraron con él los obispos de Ciudad Real y Cuenca, don Gerardo Melgar y don José María Yanguas. También el obispo de Getafe, don Ginés García Beltrán, y su auxiliar, don José Rico Pavés, así como el obispo emérito de Segovia, don Ángel Rubio Castro.
Junto a ellos concelebraron, además, los vicarios generales de las diócesis sufragáneas de la provincia eclesiástica de Toledo: Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Sigüenza-Guadalajara, además de los sacerdotes que constituyen el Colegio del Consultores, los miembros del cabildo primado y más de 150 sacerdotes del clero diocesano.
Participaron en la eucaristía, entre otras autoridades, el presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, don Emiliano García-Page, y la alcaldesa de Toledo, doña Milagros Tolón. A la celebración, que terminó con el largo aplauso que brindaron a don Braulio todos los asistentes, se sumaron cerca de dos mil fieles de las parroquias de la Archidiócesis y de movimientos apostólicos.
«Cuesta mucho una despedida», afirmaba don Braulio al comienzo de su homilía, «pero esta despedida me llena de paz y miro con confianza al futuro, pues espero en el Señor. He gozado. He trabajo con ilusión, me he sentido aceptado y querido», afirmaba. Y añadía: «Sin duda, queridos hermanos, lo más importante hoy, lo más grande, es que pueda celebrar esta Eucaristía con vosotros, con otros hermanos obispos y sacerdotes concelebrantes».
«Es grandioso pertenecer a esta Iglesia», confesó, porque «algo muy grande sucede a quien entra en ella por el bautismo: ella nos da a Cristo en el Espíritu Santo, y nos da a los hermanos en la comunión eclesial; nos da la vida resucitada en los sacramentos; nos da a María y a los santos, nos da la dimensión universal y, sobre todo, entra en contacto con Cristo vivo, que habla y acompaña a todos desde los confines de la tierra».
«Yo, hermanos, he tenido la suerte de vivir estos casi once años en esta comunión en la Iglesia de Toledo», añadió. Por eso «os doy las gracias. Y de nuevo os pido perdón porque seguro que no os he servido bien».
«No tengo que ocuparme en adelante de otra Iglesia particular», añadió, «aunque un obispo está siempre referido a la Iglesia universal. Ocuparéis, pues, un lugar privilegiado en mi corazón de discípulo de Jesucristo, que Él quiso llegara a ser obispo, sucesor de los Apóstoles».
Don Braulio concluyó su homilía «mirando» a la Virgen María: «Fijo mi atención en tres imágenes que me han acompañado estos años en las misas de la Catedral: la Virgen del Sagrario, la Virgen Blanca y Santa María de Toledo en el retablo mayor. A la poderosa intercesión de la Madre del Señor dejo mi vida por vosotros y pido por ella a Cristo Salvador, que el Padre nos dio por el Espíritu Santo. El Señor os bendiga y os guarde».
Foto: Miguel Ángel Olmos




