Al servicio «de la paz y de la armonía en la Iglesia y entre las naciones»

Al servicio «de la paz y de la armonía en la Iglesia y entre las naciones»

Ordenación episcopal de mons. Luis Miguel Muñoz Cárdaba. Cerca de quinientos fieles se congregaron en la Catedral Primada el pasado sábado, 25 de julio, solemnidad del apóstol Santiago para participar en la Santa Misa que presidió el Secretario de Estado de Su Santidad, el cardenal Pietro Parolin, en la ordenó Obispo al sacerdote de nuestra archidiócesis, don Luis Miguel Muñoz Cárdaba, a quien el Papa Francisco ha nombrado Nuncio en Sudán y Eritrea.

Concelebraron con el Secretario de Estado, el arzobispo Paul Gallengher, secretario de la Santa Sede para las relaciones con los Estados, así como el Sr. Arzobispo, don Francisco Cerro Chaves, los cardenales don Juan José Omella, presidente de la Conferencia Episcopal Española, don Carlos Osoro, vicepresidente de la misma, y el cardenal Rouco, arzobispo emérito de Madrid. Concelebraron también el arzobispo emérito de Toledo, don Braulio Rodríguez Plaza y el Nuncio del Papa en España, monseñor Bernardito Auza, así como otros once obispos y más de ochenta sacerdotes.

El cardenal Secretario de Estado dijo en su homilía que el lema episcopal de don Luis Miguel «nos deja vislumbrar la clave de la misión del Nuncio apostólico». En este sentido explico que el Nuncio, «haciendo presente y efectiva la solicitud del Papa en los Estados y las Diócesis, se pone al servicio de la comunión y de la fraternidad en Cristo de todas las Iglesias». Así «se convierte en punto de conexión para que prevalezca la caridad en la verdad, como garantía de un ordenado ejercicio de la libertad de cada uno y como tutela del inestimable valor de la unidad, para que toda legítima distinción produzca una sinfonía de alabanza al Señor y no un ruido incomprensible y discordante, que quitaría credibilidad al testimonio cristiano».

Dirigiéndose al nuevo obispo, le dijo que como Nuncio «estás llamado a representar a la persona del Pontífice, que confirma a los hermanos en la fe, es signo y artífice de comunión, símbolo y llamada a la unidad. Por eso, estás llamado a dar a conocer y enseñar a apreciar el pensamiento del Papa, de modo especial en lo referente a la dignidad de toda persona desde su concepción hasta su muerte natural, a la promoción de los más pobres y abandonados, al fomento de la paz entre las naciones y el respeto de la libertad religiosa, así como también en lo que respecta a la preservación del medio ambiente y el desarrollo de una economía equitativa e inclusiva, para evitar que muchos queden atrapados en un destino de marginación».

«Tú, querido monseñor Luis Miguel –concluyó el cardenal– te dispones a comenzar tu misión en Sudán y Eritrea, dos países africanos con distintas historias y diferente composición étnico-religiosa. Tu preocupación será hacer percibir la cercanía del Santo Padre y de la Sede Apostólica a las respectivas comunidades católicas que se encuentran allí y promover un diálogo fructífero con las otras confesiones religiosas, mostrando al mismo tiempo a la sociedad civil y a las autoridades políticas de esos Estados que la Santa Sede tiene como objetivo únicamente el bien y el crecimiento humano, social y civil de esos pueblos, en el respeto mutuo, la colaboración y el diálogo confiado».

Saludo del sr. Arzobispo de Toledo

Al comienzo de la celebración eucarística, el Sr. Arzobispo pronunció las siguientes palabras del saludo al cardenal Secretario de Estado:

"Señor Cardenal, esta Iglesia particular le abre sus puertas y su corazón por Usted mismo y por quien Usted representa como primer colaborador de nuestro querido Santo Padre. Viene a una iglesia cargada de rica historia, adornada con santos arzobispos, con testigos de la fe en el martirio, con santos fundadores, con grandes pastores, del pasado más lejano y más reciente, que han dejado honda huella en la vida y en la pastoral de esta archidiócesis. Una comunidad diocesana rica en expresiones de fe eucarística y mariana; con el tesoro litúrgico de haber conservado el histórico y venerable rito hispano-mozárabe; con abundancia en patrimonio artístico como expresión de una fe viva que nos dejaron las generaciones que nos precedieron; forjadora de la historia de España, desde la época de los visigodos, y testigo de grandes acontecimientos que han marcado la identidad y la cultura de la nación española.

Ahora bien, la archidiócesis de Toledo no es sólo pasado cargado de historia. Gracias a Dios, venís, Eminencia, a una Iglesia diocesana rica de frutos pastorales y de vida eclesial. Bendecida por el Señor con abundancia de vocaciones sacerdotales, con un numeroso clero joven, con la gran riqueza espiritual de abundante vida consagrada, especialmente monasterios de contemplativas que constituyen el alma de nuestra iglesia.

Una Iglesia particular con un gran compromiso misionero, concretado en los sacerdotes, consagrados y consagradas, y fieles laicos que, por diversas partes del mundo, anuncian el evangelio de Jesucristo. Ahora la misión de Mons. Luis Miguel, como Nuncio Apostólico en Sudán y Eritrea, la vivimos como una llamada del Señor para reforzar nuestro compromiso evangelizador.

Esta archidiócesis posee también hoy la riqueza de tantos fieles laicos, de tantas familias, comprometidos en la vivencia y testimonio de su vocación bautismal, en el ámbito del apostolado seglar, de la catequesis, de las hermandades y cofradías, de la pastoral caritativa y social, de la acogida de emigrantes, de la pastoral de enfermos y de la tercera de edad, de la pastoral juvenil, de la pastoral del cuidado de la creación.

En el año 1992, san Juan Pablo II celebró una misa en rito hispano-mozárabe en la basílica de san Pedro. Era la primera vez que un Papa celebraba en este rito litúrgico. Con ocasión de esta efeméride, en la nave central de la basílica papal se instaló una inscripción marcando la longitud de este templo catedralicio. «Primatialis Ecclesia Toletana» puede leerse en el pavimento. La longitud de esta catedral coincide casi exactamente con la de la Basílica de san Juan de Letrán, catedral del Obispo de Roma. Hago mías hoy las palabras que mi predecesor, el venerado Cardenal don Marcelo González Martín, pronunció en aquella ocasión, a saber: la dimensión de ambos templos hace que estén juntos en sus respectivas inscripciones. Un signo que queremos que sea siempre una realidad: la realidad de la comunión afectiva y efectiva de esta Iglesia primada de Toledo con la Iglesia de Roma y con su pastor, el Papa, que nos preside a todos en la caridad".

Gratitud a la Iglesia

Al finalizar la celebración, el nuevo obispo recorrió las naves de la catedral impartiendo la bendición sobre los concelebrantes y los fieles asistentes. En este momento estuvo acompañado por el arzobispo emérito de Toledo, con Braulio Rodríguez Plaza, y por el obispo auxiliar de Valencia, don Vicente Juan Segura.

Después, don Luis Miguel pronunció unas emocionadas palabras, en las que comentó el lema que ha elegido para su ministerio episcopal, así como el significado de su escudo. Recordando el lema, «en favor de la Iglesia universal y en favor de las Iglesias particulares», manifestó su gratitud al Santo Padre y a la Iglesia y, aludiendo al escudo, en cuyo cuartel superior una luna representa a la Iglesia universal y, en el inferior, cinco pequeñas lunas simbolizan las Iglesias particulares de los cinco continentes. Otros símbolos hacen referencia al trabajo de los miembros del servicio diplomático de la Santa Sede que «tienen que dejar la familia, la tierra, la patria, para ir más allá». Además, don Luis Miguel agradeció el anillo que recibió en la ordenación, que fue un regalo personal del Papa Francisco, y reconoció que se sintió «perplejo» y con un «cierto estupor, un poco asustado incluso» cuando se le comunicó que iba a ser Nuncio en Sudán y Eritrea.

Tuvo también emocionados recuerdos para su padre y su familia, así como para su madre, que falleció poco tiempo después de su ordenación sacerdotal. También recordó a sus compañeros de estudios en Toledo y en la Universidad Complutense de Madrid, en la que se licenció en Derecho.

Por último, recordó a los arzobispos de la Archidiócesis de Toledo, especialmente a don Marcelo González Martín, que le ordenó sacerdote y cuya casulla llevó en la celebración, y también a don Francisco Álvarez Martínez, a don Antonio Cañizares Llovera y a don Braulio Rodríguez Plaza «Estoy profundamente orgulloso de Toledo, que me ha enseñado a ser sacerdote», concluyó.