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Memoria del Pasado
El Ochavo

En 1591 por iniciativa del Cardenal Quiroga surge el proyecto de la creación de un “Sacrarium” completo que comprendería varias estancias del área Norte de la Catedral, entre ellas el ochavo. Entre otros objetivos, uno de los primordiales era crear un sitio idóneo para alojar las reliquias depositadas en la Catedral a lo largo del tiempo. Las nuevas adquisiciones de los restos de San Eugenio y Santa Leocadia impulsaron, aun más, esta idea. El “Sacrarium” toledano ha dado nombre y advocación a la Patrona de la ciudad, la Virgen del Sagrario. El ochavo está situado justamente detrás de la Capilla del Sagrario y antiguamente lo único que las separaba era una verja de bronce que cerraba el arco donde actualmente se ubica la imagen de la Virgen. Antiguamente la imagen se colocaba justo encima de ese arco y de ahí que al estar sobre el acceso al “Sacrarium”, al lugar sacro donde se custodiaban las reliquias, la Virgen recibiera esta advocación.

Las trazas, en un principio, fueron encargadas a Nicolás de Vergara el Mozo y en el año 1604, en tiempos del Cardenal Sandoval y Rojas, se toma la decisión de modificar los primitivos proyectos y destinar definitivamente la parte Nordeste de este “Sacrarium” a la sala del Ochavo. Tras muchas vicisitudes, paralizaciones de obras y fallecimientos de varios de los Maestros mayores de la Catedral, Vergara el Mozo, Juan Bautista Monegro o Toribio González, se llega al año 1625 en el que se sigue discutiendo si las obras se continúan de acuerdo a los proyectos anteriores o siguiendo otros nuevos como el que presenta Jorge Manuel Theotocopuli, hijo del Greco, en 1628. Sería, finalmente, en tiempos del Cardenal Moscoso y Sandoval en el año 1653, cuando se concluye la construcción exterior siguiendo las últimas trazas del Maestro Lazaro Goiti, aunque sin abandonar totalmente las primitivas creadas por Vergara. El 19 de enero de 1673 se efectuaba la solemne traslación de las reliquias catedralicias al Ochavo.

La estancia como su propio nombre indica es un majestuoso monumento de planta ochavada, recordando que el “8” es símbolo de eternidad, reservado para albergar las reliquias de aquellos que fueron mártires y testigos de Cristo. Las reliquias nos acercan a la memoria de los Santos, a las tradiciones que testimonian y al recuerdo de las personas que las veneraron. El santo es el intercesor e intermediario, necesario y suficiente, para que la oración del fiel llegue a Cristo redentor.

El interior de la estancia, adornada por mármoles de varios colores con molduras de bronce dorado, está acicalada por diversas pinturas al fresco realizadas por Mariano Maella en 1778. Estas sustituyeron las originales de Francisco Rizzi y Juan Carreño del S. XVII que estaban en mal estado, renovando completamente las del cuerpo medio que representan las Virtudes Cardinales y Teologales y retocando ligeramente las de la cúpula, creación arquitectónica de Jorge Manuel Theotocupuli, cuyo tema principal es la Santísima Trinidad coronando a la Virgen. No podía tener mejor revestimiento que el de estas pinturas para acoger las casi más de 100 piezas-relicarios que se distribuyen en siete arcosolios, cada uno de ellos compartimentado en varias vitrinas. El número de arcos elegidos no es fruto de la casualidad, el siete es el símbolo de la creación, debido a que ese fue el número de días que tardó Dios en crear el mundo.

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