Las campanas eternas de Toledo

Las campanas eternas de Toledo

Toques litúrgicos, avisos para la población o señales sonoras que marcan las horas desde el campanario catedralicio. Tañidos milenarios que nacen desde la Primada y refuerzan la belleza misma de Toledo gracias a un conjunto de campanas, imponente y singular en el mundo. Y en el centro, San Eugenio, la campana “Gorda”, la más grande de España (de casi 15 toneladas), con la enorme cicatriz que la dejó muda el mismo año que fue colocada, en 1755.

Queda señalado el 8 de diciembre de 1755 como la fecha en la que San Eugenio proyectó su sonido litúrgico por primera vez. Pero por lo pronto, cuando uno mira “la campana Gorda” desde la base de la Primada es razonable preguntarse cómo se pudo subir a aquella mole hasta donde debía descansar ya para siempre.

Cuentan las crónicas que el alférez de fragata Manuel Pérez dirigió aquella operación en la que participaron tres guardianes de navío al frente de  un total de 22 marineros ayudados por la fuerza de varias parejas de bueyes. Además, el vecino de Toledo, Manuel Maldonado, aportó cuatro maromas y dos cuerdas de cáñamo que pesaron cerca de dos mil kilos.

En el número 5 de la cuesta de San Justo, donde el maestro Gargollo había desarrollado el trabajo de fundición, se arrastró la campana hasta la base de la torre junto a la puerta de Las Palmas. Se construyó una gran rampa, a la que se adaptó lo que fue una vía con dos carriles para deslizar la plataforma sobre la que se montó la campana y a través de una garrucha fue subiendo lentamente al arrastre de los bueyes. Una vez arriba, ya en el que sería su hogar desde el que tañir, se deshizo el muro que separa dos de las rejas laterales para que pudiese meterse en el campanario, siendo luego reconstruido.

Y allí arriba descansa la campana de San Eugenio, presidiendo un conjunto de hasta 15 campanas (las once litúrgicas, las tres horarias del reloj, y una para señales), que desde el 6 de septiembre de 2011 -después de 28 años cerrada al público por motivos de seguridad en 1983-, puede ahora visitarse.

El recorrido, que sólo se realiza en grupos limitados y con la ayuda de un guía, se inicia atravesando desde una puerta del Claustro que da acceso a una primera escalera de cinco tramos, amplia, que treinta escalones más arriba llega al pasillo de la que fuera casa del campanero hasta los años 50, cuando la figura del encargado de dar vida a la sonoridad de las campanas desapareció para que este oficio se mecanizara y automatizara. El pasillo en cuestión desemboca en un vestíbulo situado debajo de la torre de las campanas en el se conserva la antigua maquinaria de poleas que accionaba el toque manual de las campanas que llegó a ser utilizado como cárcel eclesiástica.

Esa zona da acceso a una torre en la que hay que afrontar otros 32 escalones que llevan al visitante hasta la base del campanario. Desde allí, atravesando un balcón exterior que recorre parte de la fachada principal de la Catedral Primada, encontramos la última torre, con una estrecha escalera de 38 peldaños, que conduce hasta el campanario, con una imponente estructura de madera que, en una primera sala cuadrada permite ver, ‘cara a cara’, las ocho campanas litúrgicas (con San Eugenio en el centro), y otras 6 campanas en la sala superior (dos fijas que completan el conjunto de campanas litúrgicas, las tres campanas del reloj, y una pequeña de señales).