La Sala Capitular,

La Sala Capitular, "el alma” de la Catedral

La Sala Capitular de cualquier templo se utiliza para celebrar las reuniones extraordinarias de su Cabildo. Pero en la Primada, además, forma parte del recorrido de las visitas públicas por la importancia histórica y artística del espacio. Los retratos de sus arzobispos resumen la historia de la milenaria iglesia episcopal, y los frescos de sus paredes reflejan la advocación mariana del templo, “el alma” de la propia catedral.

Hasta 1502, la sala capitular ordinaria de la Primada estuvo en el actual espacio de la Capilla Mozárabe, aunque en época estival se utilizaba también la llamada “sala capitular de verano” en el actual espacio que queda entre el claustro bajo y la calle de la Feria, con acceso a la calle y al propio claustro.

Fue el Cardenal Cisneros quien decidió unir la antigua sala de capítulos y la capilla del Corpus Christi para tener una capilla permanente donde celebrar el culto mozárabe. Y él fue quien encargó la construcción de una nueva Sala Capitular en un espacio anexo al ábside del templo, eliminando la capilla de Santa Isabel y añadiendo un espacio para la nueva Antesala y Sala Capitular, y para las oficinas de Obra y Fábrica.

Desde fuera del templo, la estructura rectangular de la Sala Capitular es perfectamente visible porque sobresale del resto del ábside semicircular. De sus fachadas de piedra granítica destaca, en el último piso de ladrillo, una especie de galería de arcos que conservan los ganchos de hierro para el secado de las velas y los cirios que se fabricaban en la propia catedral, ya que durante años el espacio se utilizó como obrador de cera.

El espacio interior destaca por su cuidada decoración, que fusiona elementos del arte gótico y el mudéjar y dio origen al llamado “estilo Cisneriano”. Lo primero que llama la atención es el pórtico por el que se accede a la Antesala, obra de Diego Copín de Holanda. A continuación, atravesamos la Antesala, una especie de pasillo rectangular que servía de vestuario para los canónigos (como atestiguan los magníficos armarios de madera laterales), del que destaca la espectacular decoración de motivos vegetales pintados de su friso. Y al fondo, la estancia principal o de reuniones, con un impresionante artesonado dorado y policromado diseñado por Diego López de Arenas y ejecutado por Francisco Lara (el cielo del cabildo).

Una silla arzobispal preside todo el habitáculo que está rodeado por la bancada de madera donde se sientan los canónigos para las reuniones extraordinarias del Cabildo, y por los retratos de los arzobispos de Toledo y los espectaculares frescos de sus paredes. Juan de Borgoña es el autor de esas pinturas al óleo sobre yeso que representan trece escenas de la Vida de la Virgen y la Pasión de Cristo, así como de los primeros 32 retratos que, a partir del Cardenal Tavera, pertenecen a pintores como Comontes, Carvajal, Tristán, Rizi, o Vicente López, y resumen la historia de la iglesia episcopal toledana (su episcopologio).