La Catedral de Toledo y la monarquía española

La Catedral de Toledo y la monarquía española

Este jueves 14 de noviembre tendrá lugar el 7º centenario del nombramiento del infante D. Juan de Aragón como Arzobispo de Toledo. Era hijo del rey Jaime II y de su segunda esposa Blanca de Nápoles. Como Catedral Primada de España, la historia de la seo toledana ha estado y está vinculada a la de la monarquía de los antiguos reinos y de la actual corona.

En el archivo catedralicio se conservan provisiones reales, privilegios rodados, cartas plomadas y cartas abiertas de varios monarcas con el Cabildo. Y el templo ha sido testigo de coronaciones, bodas, funerales y enterramientos de más de una docena de reyes y reinas. Incluso hay aportaciones de monarcas que vivieron y murieron fuera de Toledo, como el gran san Luis de Francia.

Durante siglos, los gobernantes de los antiguos reinos de la península eran enterrados en sus respectivos territorios, fieles a sus ritos y tradiciones. Y los monarcas leoneses y castellanos eligieron distintas iglesias y conventos hasta que, en 1.181, Alfonso VIII ordena erigir el real monasterio cisterciense de las Huelgas de Burgos como panteón real de Castilla y León. Sin embargo, Sancho IV el Bravo, que se casó se con María de Molina en 1282 y fue coronado rey en 1284 en la catedral de Toledo, fundó la Capilla de la Santa Cruz y el Panteón Real del Altar Mayor para ser enterrado allí, trasladando al lugar los sepulcros de sus antecesores (Sancho III el Deseado y Alfonso VII de León), además de los restos que estaban enterrados en la antigua Capilla del Espíritu Santo pertenecientes al rey Sancho II Capelo de Portugal, y a su tío, el arzobispo Sancho de Aragón (hijo de Jaime I el Conquistador y de Violante de Hungría).

Desde entonces, Toledo comienza a ser conocida como la ciudad real, la “urbs regia” de España, un término que acuña Rodrigo Jiménez de Rada, el arzobispo que formó parte de la corte del rey Sancho VII el Fuerte y Sancho VI el Sabio, y consiguió finalmente el apoyo del Rey Fernando III para la construcción de la actual nave gótica del templo. Aunque el solemne acto de colocación de la primera piedra estuvo presidido por el monarca (un 14 de agosto de 1.227), no hay muchas más referencias en el templo del que años después fue santificado y ha pasado a la historia como Fernando III el Santo.

A finales del S.XV, se intensifica la relación entre la monarquía y la Catedral de Toledo con la figura del arzobispo Cisneros. De hecho, el cardenal eterno fue confesor y consejero de Isabel  la Católica y, tras la muerte de la reina (1505) tuvo que mediar entre Fernando el Católico y su yerno, Felipe el Hermoso, hasta lograr la ”Concordia de Salamanca” en favor del segundo. Cisneros llegó a asumir en dos ocasiones la regencia de la corona (a la espera del regreso de Fernando tras la muerte de Felipe en 1507, y aguardando la llegada de Carlos de Gante tras la muerte del Rey Católico en 1516).

Cisneros también decide dar un mayor protagonismo en la Primada a los tres antiguos reyes (Alfonso VII, su hijo Sancho el Deseado y Sancho el Bravo) y traslada los sepulcros a los laterales de la Capilla Mayor, … destinando la Capilla del Espíritu Santo al culto de los antiguos reyes que estuvieron enterrados allí, que pasa a llamarse Capilla de los Reyes Viejos para diferenciarla de la de los Reyes Nuevos, construida en 1.374 a los pies de la catedral por Enrique II, exclusivamente para la dinastía real de los Trastámara.

Esta última capilla también cambia de ubicación y, entre 1531 y 1534, el arquitecto toledano Alfonso de Covarrubias la traslada a la cabecera del templo con los sepulcros de Enrique II y su esposa la reina Juana Manuel, los de Juan I de Castilla y su esposa la reina Leonor de Aragón, y los de Enrique III y su esposa Doña Catalina de Lancaster.

Desde el S.XVI hasta nuestros días ha habido otros muchos ejemplos de la estrecha relación entre la monarquía y la Primada que analizaremos en una segunda entrega del reportaje. El último ejemplo se produjo el año pasado, cuando el actual Rey de España, Felipe VI, aceptó ser nombrado Canónigo Honorario de la Primada.